Metas claras y acciones decisivas
En 1979, solo el 3% de los graduados del MBA de Harvard habían establecido objetivos claros y por escrito para su futuro profesional. Diez años después, este pequeño grupo poseía, en promedio, 10 veces más riqueza que el 97% restante, demostrando también una mayor probabilidad de alcanzar sus metas profesionales y un éxito general en la vida.
Hoy, décadas más tarde, seguimos desaprovechando esta herramienta sencilla pero crucial: definir objetivos y prioridades, y actuar para alcanzarlos.
La principal razón por la que no alcanzamos nuestros objetivos es que simplemente no los definimos. Sin un objetivo claro, es como intentar acertar en una diana con los ojos vendados. Enfrentar un objetivo postergado es como lidiar con un ovillo de lana que parece crecer cada vez que lo recordamos pero no actuamos. La solución es simple: empezar con un pequeño paso, generando un "momentum" que mantenga el movimiento. Iniciarlo es la parte más difícil, pero una vez superada la inercia inicial, el proceso se facilita.
La tercera razón del fracaso es la falta de continuidad. Más del 50% de nuestras acciones diarias son hábitos arraigados, por lo que cambiarlos requiere estrategias específicas. Para establecer un nuevo hábito, es efectivo empezar con acciones muy pequeñas, que no tomen más de dos minutos, para superar la resistencia del cerebro. La clave es la consistencia y el progreso lento.
Definir un objetivo, iniciar el proceso y crear el hábito para lograrlo son capacidades cruciales que pueden transformar significativamente nuestra vida en muchos aspectos, como el trabajo, las relaciones y la felicidad personal. Es esencial enseñar, explicar y practicar estas habilidades. Hoy puedes comenzar a mejorar tu vida. ¡Empieza!


