Un estudio científico del 2021, desarrollado por investigadores de la Universidad de Lisboa, se propuso investigar las causas y consecuencias de la procrastinación en el ámbito laboral. Su modelo propone que:
- El aburrimiento en el trabajo sería un predictor de procrastinación
- El estrés laboral y la insatisfacción laboral serían la consecuencia de procrastinar.
Para poner a prueba esta teoría, la investigación empírica incluyó 287 participantes para medir la relación entre estos tres factores relacionados con la procrastinación laboral: el aburrimiento en el trabajo como antecedente, y el estrés laboral y la satisfacción laboral como consecuentes.
Como resultado se confirmó que el aburrimiento en el trabajo favorece significativamente la postergación de las actividades en el trabajo y fomenta el soldiering y cyberslacking. ¿El qué fomenta?
¿Te suenan a chino estas 2 palabras?
Son los nombres propios de dos caras poco conocidas de la procrastinación en el ámbito laboral, y que forman parte del modelo utilizado en esta investigación del 2021, derivado de la Teoría de la Autodeterminación.
Según estos investigadores, el soldiering se caracteriza por aquellas pausas que se realizan en la jornada laboral y que tienden a prolongarse más de lo conveniente; ¿te viene alguien a la cabeza? No hace falta que des nombres :)
Y, por otra parte, el cyberslacking incluye la tendencia a utilizar las tecnologías de la comunicación para actividades no relacionadas con el trabajo; redes sociales, periódicos digitales, memes por Whatsapp… Cosas que todos hemos podido hacer alguna vez, pero aquí se trata de tendencias recurrentes.
Y ahora… ¿qué recomiendan los expertos frente a esta situación?
Bajo esta perspectiva, las organizaciones y responsables que deseen desarrollar el talento de sus equipos y mejorar el bienestar de las personas que los forman, tendrán que fomentar recursos para prevenir los comportamientos procrastinadores. En este sentido, los estudios resaltan la necesidad de revisar las maneras de trabajar y colaborar en las empresas, y ofrecer formación acerca de la gestión del tiempo individual y del tiempo colaborativo (reuniones, emails…). Esto ha demostrado tener un impacto positivo en la reducción de la procrastinación laboral y del estrés del trabajo, así como en el aumento de la satisfacción laboral.


